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Galería: Primer contacto Mini Roadster

Primer contacto: Mini Roadster

Reducido al mínimo

01.02.2012

Michael Gebhardt/ AutoScout24.de

El otro día en un restaurante muy elegante me sirvieron un plato de esencia de tomate, un caldo poco espeso, casi transparente, que sabía mil veces más a tomate que la habitual sopa roja a la que estamos acostumbrados. Según me explicaron, el truco está en cocer la sopa muchas veces –reducción lo denominan los más entendidos– hasta que al final sólo queda el sabor puro. Esto mismo es lo que ha hecho Mini con su descapotable.

Ya el Mini Coupé lanzado recientemente al mercado fue considerado en su momento la variante más purista de este utilitario deportivo reducida a lo básico y fundamental para resaltar aún más una de sus principales características: la diversión al volante. Con el nuevo modelo, el Roadster, Mini ha reducido un poco más su pequeño utilitario y le ha robado su techo.

En lugar de la habitual y elegante cubierta metálica, el Roadster cuenta ahora con una capota textil de estilo clásico que se abre y cierra manualmente. Con un poco de práctica y suficiente fuerza en los brazos el ejercicio resulta sencillo. Una pequeña maniobra resulta suficiente para desbloquear la capota del montante A y enrollarla en forma de cascada hasta sujetarla en la parte posterior, justo detrás de los asientos.

A petición, semiautomático

Galería: Primer contacto Mini RoadsterLa maniobra de cierre de la capota tiene lugar en sentido contrario, aunque en este caso los conductores –o conductoras– más bajos o con menos fuerza tendrán algún que otro problema para elevar la cubierta y deslizarla hacia adelante, especialmente porque hay que ser bastante ágil para alcanzar la capota por encima de la consola equipada con dos barras antivuelco. Para todos aquellos que no se quieran cansar Mini ofrece (por 790 euros) un techo semiautomático que ejecuta las maniobras de apertura y cierre en cuestión de diez segundos pulsando simplemente un botón. En este caso, tan sólo tendremos que soltar y asegurar manualmente la capota.

Sin embargo, esta opción arrebata al Mini Roadster una parte de su purismo absoluto, al igual que su pequeño deflector de aire (190 euros) situado entre las dos barras antivuelco. Se trata de un elemento que los verdaderos hombres ni siquiera solicitarán, pero que –si lo han hecho sus respectivas novias– entonces esconderán rápidamente en la guantera. Siempre y cuando las mujeres tengan algo que decir a la hora de adquirir esta variante del Mini, ya que las versiones Coupé y Roadster están llamadas a convertirse en los modelos más solicitados por el sector masculino.

Abundante espacio

Galería: Primer contacto Mini RoadsterEl Mini Roadster ofrece una enorme capacidad de almacenamiento. Además de la guantera, los huecos de las puertas y un pequeño compartimento opcional situado en el reposabrazos central, detrás de los asientos también hay espacio de almacenamiento y, al igual que el Coupé, su maletero de 240 litros es el más grande de toda la familia Mini. Con una distancia entre ejes idéntica y una longitud exterior casi igual a la del Mini Cabrio, la zona de carga del Roadster se beneficia del espacio que dejan libre unos asientos traseros inexistentes. Gracias a un hueco portaobjetos, el Roadster permite transportar incluso objetos largos.

Por lo demás, el Roadster se presenta con un estilo puramente Mini, incluidos el velocímetro sobredimensionado de la consola central y los interruptores basculantes inspirados en la construcción aeronáutica. Como todos los Minis, el Roadster también carece de elevalunas eléctrico en la ventanilla del copiloto, aunque en este caso se lo perdonamos ya que la idea de este modelo es reducir al máximo el conjunto.

Carrocería más rígida

Galería: Primer contacto Mini RoadsterLa mayor rigidez de la carrocería resulta más evidente en el Roadster que en el Coupé. Mini ha utilizado aceros claramente más duros, sobre todo detrás de los asientos, algo que se hace notar de forma muy agradable en comparación con el modelo Cabrio de cuatro plazas. Mientras que el Cabrio se tambalea y vibra con las irregularidades y las ondulaciones más pequeñas de la calzada, el Roadster de 1,2 toneladas de peso muestra una estabilidad mucho más clara y, por lo tanto, una mayor diversión al volante.

Naturalmente que esto no resulta nada beneficioso para el confort, ya que el chasis informa a los ocupantes en todo momento del estado del asfalto y ni siquiera los asientos rígidos logran suavizar esta sensación. Sin embargo, la más que famosa sensación de karting que el Roadster es capaz de transmitir incluso mejor que su hermano es ya de por sí compensación suficiente. Y para aquellos los adeptos a la dureza extrema también hay disponible un reglaje aún más rígido del chasis (200 euros).

Maravillosamente áspero

Galería: Primer contacto Mini RoadsterEl funcionamiento normal ya permite al Mini reaccionar de forma inmediata a las órdenes de una dirección dura, aunque a las ruedas delanteras les cuesta un poco trasladar a la carretera los 184 CV sobrealimientados y los 240 Nm/m del Cooper S que tuvimos el placer de conducir.  Al pulsar el botón «Sport» opcional (130 euros), el motor reacciona un poco más mordaz a las órdenes del acelerador y la dirección trabaja de forma más directa.

Sin embargo, en esta situación el Mini no se muestra tan relajado y deportivo, sino más bien nervioso, por lo que el modo normal resulta más que suficiente para lograr el máximo placer a la hora de conducir. La única razón –imposible de rebatir– que existe para pulsar el botón «Sport» es la acústica del conjunto. Así, gracias a alguna que otra explosión fallida al pisar el acelerador el Mini Cooper S emite un sonido maravillosamente ronco y áspero a través de ambos tubos de escape, llamando la atención de más de un compañero de semáforo.

Para disfrutar hay que pisarle

Galería: Primer contacto Mini RoadsterPor suerte, parece que a la casa Mini le importa muy poco lo políticamente correcto y anima al conductor a pisar el acelerador. Si hemos encargado el paquete «Mini Connected», instalado la aplicación de Mini en nuestro iPhone y lo hemos colocado en el soporte de la consola central, entonces tendremos a nuestra disposición la función «Mission Control». Una vez seleccionado, una voz en off contesta –entre otras cosas– a las etapas más rápidas del conductor con las siguientes palabras: «This is full throttle». Pero también combina la conexión de la calefacción de los asientos o la bajada de las ventanillas.

Para apaciguar las conciencias más ecológicas, la función «Mission Control» también cuenta con un conjunto de temas que contiene comentarios sobre un estilo de conducción eficiente. No obstante, durante nuestra prueba de conducción el sistema no llegó a emitir en ningún momento ninguno de estos comentarios. A través de la aplicación para el iPhone también se pueden aprovechar otras virguerías como el control de combustible, la radio a través de Internet, la conexión a Facebook o a Twitter o realizar búsquedas en Google.

Cuatro motorizaciones a elegir

A partir de finales de febrero de 2012, además de la unidad de prueba Cooper S también estarán disponibles el Mini Roadster Cooper SD con motor diésel de 143 CV y la variante Mini Roadster John Cooper Works con una potencia de 211 CV. El modelo básico One, al igual que en el caso del Mini Coupé, no está prevista de momento.

Como es habitual, el motor más eficiente es el diésel con un consumo de 4,5 litros a los 100 km, mientras que los gasolina consumen entre 5,7 y 7,3 litros. A excepción del modelo superior, todos los motores están equipados de serie con el sistema automático de parada y arranque y, a petición, se pueden asociar a un cambio automático de seis velocidades (1.540 euros). Sin embargo, el cambio manual de seis velocidades es el que mayor provecho saca de todas las motorizaciones.

Más barato que el Mini Cabrio

Mini tiene bastante clara la lista de precios. La diversión arranca en los 22.600 euros que cuesta el Mini Cooper, pasando por los 26.750 euros del Cooper S o los 27.750 euros de la variante diésel. El modelo más alto de gama, el John Cooper Works, tiene un precio de 31.900 euros. En comparación con el Cabrio, la ausencia de dos plazas supone un ahorro de aproximadamente 1.000 euros, el Coupé en cambio es 1.600 euros más económico.

Los que no le otorguen tanta importancia al purismo tendrán que invertir algo más en algunos componentes del equipamiento opcional, tales como los faros bixenón (690 euros), la luz de curva (320 euros), el reposabrazos central (160 euros) o el sistema de navegación (1.950 euros). Al menos el aire acondicionado, la radio CD y los sensores de aparcamiento traseros vienen de serie. Además, estos últimos resultan bastante útiles debido a su elevada zaga y a su escasa visibilidad con el techo cerrado.

Conclusión

El biplaza descapotable cumple aquello que la casa promete: la más pura diversión al volante. En comparación con la variante Cabrio, Mini ha logrado aumentar considerablemente el placer de conducir gracias a una carrocería más rígida y, por lo tanto, ha sido capaz de intensificar aún más la sensación de karting. Los que puedan prescindir de los asientos de emergencia deberían decantarse sin dudarlo por el Roadster. Éste no sólo ofrece más diversión por menos dinero, sino que además es más práctico ya que cuenta con un maletero más grande.

Sin embargo, para disfrutar del placer en estado puro uno debería recurrir al menos al potente Cooper S. Al fin y al cabo, si se prescinde del techo semiautomático y del deflector de aire un puede ahorrarse un cuarto del suplemento de aproximadamente 4.000 euros que le separa del modelo básico. Si ha de ser un Roadster, entonces hay que hacerlo bien.

 

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